Indonesia en acción contra la contaminación por plásticos del mundo

Las costas de Java y los márgenes del Citarum acumulan plásticos que llegan de todo el planeta, mientras las infraestructuras de residuos y depuración siguen siendo insuficientes. Sin embargo, pequeñas y grandes iniciativas, impulsadas por ciudadanos, ONG y empresas, empiezan a cambiar el rumbo hacia ríos más limpios y ecosistemas mejor protegidos.

En Java, en Indonesia, las olas arrastran botellas, envoltorios y restos de plásticos que forman pequeñas islas que el mar devuelve una y otra vez. Entre los desechos se leen etiquetas extranjeras. Gran parte de esa basura viajó miles de kilómetros hasta llegar aquí.

 

Desde que China cerró sus puertas a la importación de residuos en 2018, el flujo se desplazó hacia el Sudeste Asiático. Indonesia, Tailandia y Vietnam se convirtieron en los nuevos destinos del desperdicio del mundo, principalmente proveniente de la Unión Europea, Japón, Estados Unidos y Reino Unido.

 

Según la Agencia Central de Estadística de Indonesia, solo en 2024 el país importó 262.900 toneladas de residuos plásticos, valoradas en aproximadamente 105 millones de dólares. Pero el problema no es solo lo que se ve en la superficie: los plásticos se fragmentan en microplásticos, contaminan el agua que abastece a millones de personas y ponen a prueba unas infraestructuras de depuración que, en muchos lugares, siguen siendo insuficientes.

 

Ante esa avalancha de desechos, a inicios de este año Indonesia anunció la prohibición de todas las importaciones de residuos plásticos, una medida que se suma a otras iniciativas a nivel local. Desde el activismo de una niña hasta proyectos que aplican nuevas tecnologías, distintas propuestas avanzan, paso a paso, para reducir el impacto de la contaminación plástica en ríos y océanos.

 

¿Qué voy a leer en este artículo?

En Gresik, al este de Java, una niña de 12 años decidió escribirle una carta al presidente de Estados Unidos. “¿Por qué nos envían su basura?”, preguntaba Aeshnina Azzahra Aqilani, a quien todos llaman Nina. También escribió a los líderes de Países Bajos, Alemania, Canadá y Australia.

 

Su escuela está cerca del río Brantas, uno de los más contaminados de Indonesia. Cada mañana, el agua arrastra bolsas, cables y fragmentos de plásticos. En 2023, un estudio publicado por Ecoton, la organización de Observación Ecológica y Conservación de Humedales reveló la magnitud del problema. Una muestra de apenas 250 mililitros del río Porong, afluente del Brantas, contenía 1449 partículas de microplásticos, una concentración 15 veces superior al promedio en otros ríos del país.

 

La joven activista pronto descubrió que muchos de esos residuos no eran locales. Habían llegado desde Estados Unidos, Canadá y Europa. Sus cartas dieron vuelta al mundo y su activismo contribuyó a la adopción de una de las iniciativas del Pacto Verde Europeo, que prohibirá las exportaciones de residuos plásticos fuera de la Unión Europea para 2027.

 

Hoy, con 17 años, Nina lidera el colectivo River Warrior, que organiza limpiezas y programas educativos que han involucrado a más de 3000 niños en los últimos años. Por su labor, ha sido nominada al Premio Internacional de la Paz Infantil de 2025

El río Citarum, en Java Occidental, es considerado uno de los ríos más contaminados del mundo. En sus aguas confluyen residuos domésticos, descargas industriales y toneladas de plásticos de otros países. Pero desde 2021 este cauce se ha convertido también en un laboratorio de soluciones.

 

El proyecto Citarum Repair busca detener el flujo de residuos plásticos antes de que lleguen al océano. La iniciativa es una colaboración entre Greeneration Foundation, Waste4Change, especialista local en gestión de residuos, y RiverRecycle, una empresa que ha desarrollado una tecnología patentada para la captura automatizada de residuos. 

Su sistema, alimentado por energía solar, utiliza un ingenioso conjunto de ruedas recolectoras que flotan sobre el agua y atrapan los residuos plásticos en los ríos antes de que estos lleguen al mar. Una vez recogidos, los materiales se clasifican y transforman en productos de valor, como tableros para la construcción y piezas para la industria del mueble.

 

Recuperar el Citarum no solo pasa por retirar los plásticos visibles. Los gobiernos regionales trabajan también en mejorar la recogida de aguas residuales y la depuración, de modo que los vertidos domésticos e industriales no sigan llegando al río. El saneamiento, la monitorización de la calidad del agua y las infraestructuras de tratamiento son el complemento imprescindible a las soluciones de limpieza y reciclaje que ya están en marcha.

 

Hasta ahora, el Citarum Repair recolecta al menos una tonelada diaria de desechos y ha beneficiado a más de 5.000 personas con programas de educación ambiental sobre consumo responsable y salud pública. Así, el proyecto combina tecnología de limpieza automatizada con programas de reciclaje y reintegración social para comunidades ribereñas que tradicionalmente vivían de la recolección informal de basura.

 

Experiencias como Citarum Repair muestran que la combinación de tecnologías de captura de residuos, sistemas de depuración más eficientes y energía renovable puede acelerar la recuperación de los ríos en todo el mundo.

En 2020, Gary, Kelly y Sam Bencheghib desde Bali, se propusieron la ambiciosa misión de limpiar todos los ríos de Indonesia. Así nació Sungai Watch, una organización que instala barreras flotantes en los ríos para recolectar plásticos.

 

Aunque la solución parece simple, hasta ahora han recuperado más de 700.000 kilos de plástico, principalmente en Bali. Primero, el equipo mapea las fuentes de contaminación para detectar los puntos críticos y optimizar la ubicación de las barreras. Luego, instala múltiples barreras en cada río, lo que les permite identificar incluso fallos en la gestión de residuos.

 

Además, Sungai Watch organiza limpiezas de emergencia en vertederos ilegales y a lo largo de las riberas, para evitar que el plástico llegue al agua. A la par, trabajan con las comunidades locales en campañas educativas que promueven un cambio de hábitos y colaboran con gobiernos para diseñar planes de gestión de residuos más eficientes.

 

Las iniciativas de Nina, Citarum Repair o Sungai Watch demuestran que la acción ciudadana y la innovación pueden frenar la llegada de plásticos a ríos y océanos. Pero para proteger de verdad estos ecosistemas es necesario ir un paso más allá y reforzar las infraestructuras que garantizan el acceso a agua limpia.

 

Eso implica invertir en redes de saneamiento, plantas de depuración y sistemas de reutilización del agua, especialmente en zonas urbanas en rápido crecimiento. También es clave mejorar el drenaje y el tratamiento de aguas pluviales, de forma que las lluvias torrenciales no arrastren residuos ni contaminantes hacia los cauces. La colaboración entre administraciones, comunidades locales y empresas especializadas en gestión del ciclo integral del agua es esencial para que los ríos dejen de ser vertederos y vuelvan a ser fuentes de vida.

 

Fuentes:

Periodista peruana. Tiene una maestría en Periodismo Internacional de la Universitat Pompeu Fabra (España) y ha sido reconocida, entre otros, con el Premio al Mejor Proyecto de Género de la Barcelona School of Management y con becas de Earth Journalism Network. Escribe en El País y Dialogue Earth sobre cambio climático, conservación y pueblos indígenas de América Latina desde un enfoque en las soluciones. Sus historias también se leen en Periodistas por el planetaFrance 24Agencia EFEClimate Tracker, entre otros. Ha trabajado en comunicaciones y storytelling para organizaciones internacionales como Naciones Unidas y ha sido parte del equipo editorial de la Iniciativa de Migraciones Climáticas.