Existe una disciplina que indaga en fuentes históricas, artísticas y arqueológicas para rastrear cómo era la biodiversidad en el pasado: la ecología histórica. Las pinturas de Monet o Turner pueden convertirse así en un registro involuntario de la evolución de los ecosistemas.
- Las pinturas, los grabados y las ilustraciones son una fuente visual usada con frecuencia en la ecología histórica.
- Las obras de arte no son la fuente principal de los investigadores en ecología histórica, pero sí sirven como evidencia indirecta.
La serie ‘Parlamentos de Londres’ de Monet nos maravilla por sus colores audaces y antinaturalistas, la disolución de la forma y los reflejos del Támesis fundidos con el cielo. Cualquier historiador del arte podría extenderse sobre la influencia posterior de esta obra, pero su relevancia parece ir más allá de este campo. Y es que, quizá, esos firmamentos difuminados que achacamos al impresionismo fueran en realidad un testimonio de la contaminación atmosférica de la época.
En un artículo de Anna Lea Albright y Peter Huybers, publicado en 2023 en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), los investigadores analizaron las pinturas de Claude Monet y J. M. W. Turner a lo largo de sus carreras, midiendo el nivel de contraste, blanqueamiento o difuminación de los colores. Descubrieron patrones reveladores: a medida que la Revolución Industrial avanzaba y los niveles de aerosoles en el aire aumentaban, las obras de estos artistas se volvían más neblinosas y difusas. La contaminación modificaba la dispersión de la luz, y Monet y Turner así lo plasmaron en sus lienzos, creando un registro de la calidad del aire de la época antes de que existieran mediciones instrumentales.
Este no es un caso aislado. Las pinturas, los grabados y las ilustraciones son una fuente visual usada con frecuencia en la ecología histórica, una disciplina esencial para comprender cómo las personas hemos moldeado los ecosistemas, lo vimos con los famosos paisajes helados de los pintores flamencos del siglo XVII durante la llamada Pequeña Edad de Hielo, una rareza que ya te contamos en este artículo.
La ecología histórica estudia las interacciones entre los seres humanos y el medio ambiente a lo largo del tiempo, combinando métodos y perspectivas de las ciencias naturales, las ciencias sociales y las humanidades.
Para hacerlo, se usan fuentes muy variadas: elementos naturales como sedimentos, fósiles, anillos de crecimiento en los árboles, hielo y registros geoquímicos; documentos históricos como crónicas, registros administrativos e informes científicos antiguos; archivos cartográficos y visuales como mapas, fotografías y pinturas; y conocimiento ecológico local como relatos, prácticas tradicionales y testimonios de memoria oral.
Esta especialidad resulta crucial para entender los ecosistemas actuales y gestionar su conservación, ya que permite documentar los cambios ambientales a largo plazo, desmontando mitos sobre la naturaleza virgen y aportando un conocimiento exacto sobre las consecuencias históricas de las intervenciones humanas. Además, al revelarnos cómo era un ecosistema antes de su degradación reciente ayuda a establecer objetivos realistas de restauración.
Las obras de arte no son la fuente principal de los investigadores en ecología histórica, pero sí sirven de evidencia indirecta, siempre combinadas con otros datos. Aportan indicios relevantes sobre las atmósferas, paisajes y especies visibles en el entorno de los artistas.
Las pinturas del Siglo de Oro holandés, por ejemplo, pueden dar pistas de cómo era, en ese momento, la biodiversidad acuática. Varios investigadores de la Universidad de Leiden crearon una plataforma que utiliza el crowdsourcing para identificar especies de pescados representadas en bodegones, escenas de mercado o escenas de pesca de las pinturas holandesas de los siglos XVI a XIX. ¿La conclusión? Hubo una disminución gradual de los grupos de especies representados, probablemente debido a cambios en el clima, sobreexplotación y modificación del hábitat, así como a cambios socioculturales.
Un estudio muy similar se publicó el pasado año en la revista npj Biodiversity: se analizaron 331 naturalezas muertas italianas de los siglos XVI a XVIII para reconstruir la biodiversidad acuática histórica de la zona del Mediterráneo. El estudio documentaba una disminución de cerca del 50% en la representación de especies de agua dulce entre principios y finales del periodo analizado.
Cuando se aplican metodologías rigurosas las obras de arte pueden ser archivos históricos excepcionalmente fiables para reconstruir la biodiversidad pasada.
Otro caso significativo es el de la arqueóloga arbórea Isabella Dalla Ragione, que acude a las pinturas renacentistas para reconstruir variedades frutícolas desaparecidas. Su trabajo con la manzana «Muso di Bue» demuestra la importancia ecológica de estos análisis. Esta variedad, abundante en el Renacimiento (y muy representada en las pinturas italianas) sobrevive ahora únicamente en unos pocos jardines del país. Se cree que las variedades que prosperaron durante 500 años poseen mayor resiliencia adaptativa a los cambios climáticos, algo que podría resultar interesante en el contexto actual.
Estos estudios muestran que, cuando se aplican metodologías rigurosas, las obras de arte pueden ser archivos históricos excepcionalmente fiables para reconstruir la biodiversidad pasada. Sin embargo, sus limitaciones son notables: la precisión depende de la selección cuidadosa de las piezas. Además, los cuadros realistas son mucho más útiles que aquellos más imaginativos.
Pero como ya hemos visto, incluso el arte impresionista, que privilegia la percepción subjetiva sobre el detalle naturalista, nos ayuda a conocer cómo estaba cambiando el planeta. Las pinturas de Monet no solo capturan la contaminación atmosférica, sino también una naturaleza meticulosamente diseñada: los estanques y nenúfares de su jardín en Giverny, creados mediante ingeniería hidráulica y especies exóticas importadas. Las obras de Camille Pissarro documentan las prácticas agrícolas del siglo XIX y la industrialización progresiva del paisaje rural francés. En los campos de Van Gogh podemos leer qué cultivos dominaban en los paisajes agrícolas…
El arte es una maravilla por sí mismo, pero como reflejo de su tiempo también puede entregar un legado práctico: huellas que los ecólogos históricos siguen para reconstruir cómo las actividades humanas modificaron ecosistemas y transformaron el paisaje.