En los últimos 50 años hemos perdido más biodiversidad que en cualquier otro periodo de la historia humana. La reducción de la biodiversidad es la disminución progresiva de la variedad de especies, genes y ecosistemas que sostienen la vida en la Tierra y está ocurriendo a una velocidad sin precedentes.
Quien saliese a pasear por los campos de la Península Ibérica hace 450 años se hubiese encontrado con un paisaje y una fauna muy diferentes a los que podemos ver ahora. ¿Sabías que en el siglo XVI había unas criaturas parecidas a las cebras en España? ¿O que las anguilas eran comunes en los ríos incluso a 1.000 metros de altura? La reducción de la biodiversidad ha provocado la desaparición de cientos de especies, y las causas no son un misterio: son el resultado directo de cómo producimos, consumimos y ocupamos el planeta.
¿Por qué se reduce la biodiversidad?
- Destrucción de hábitats: la deforestación y la expansión agrícola han eliminado o fragmentado más de la mitad de los ecosistemas terrestres originales.
- Sobreexplotación: más de 50.000 especies silvestres se sobreexplotan para satisfacer nuestro modo de vida, según la IPBES.
- Cambio climático: altera temperaturas, precipitaciones y estaciones, rompiendo los equilibrios de los que dependen miles de especies.
- Contaminación: pesticidas, plásticos y vertidos degradan suelos, ríos y océanos a una escala que hace apenas unas décadas era impensable.
- Especies invasoras: se expanden por rutas comerciales y turísticas, desplazando a las autóctonas de sus propios territorios.
Según la Lista Roja de la UICN (2025), 47.187 especies están amenazadas de extinción sobre un total de 169.420 evaluadas — casi el 28% del total. Más de un tercio de todas las especies de árboles del planeta se encuentran en riesgo, y la tasa de extinción no está frenándose: un tercio del incremento total de riesgo de extinción registrado se ha producido desde 1994.
¿Qué voy a leer en este artículo?
- Las Relaciones Topográficas
- Cómo ha cambiado la biodiversidad en 450 años
- Frenar la reducción de la biodiversidad
Los relatos sobre el medio natural que nos describen el pasado
Los cuadros son ventanas a través de las cuales nos asomamos al pasado. Unos lienzos sobre los que cientos de artistas retrataron una realidad muy diferente a la que hoy, en nuestro presente, vivimos. Observando detenidamente obras de hace siglos, nos damos cuenta de cómo han cambiado las costumbres y la sociedad, cómo ha evolucionado la tecnología y, también, cómo se ha transformado el medio natural.

Sin embargo, la reducción de la biodiversidad no es algo que podamos analizar en las pinturas de la época. No podemos olvidar que, aunque los cuadros traten de capturar una porción de la realidad, el arte responde a los impulsos creativos y al deseo estético de la persona que empuña el pincel.
¿Acaso podemos decir que el Jardín de las Delicias de El Bosco es un lienzo representativo de cómo era el mundo en el siglo XVI? En el cuadro podemos ver un impresionante bestiario compuesto por docenas de animales de todo tipo. Sin embargo, no todos son reales. Muchos son imaginados por el artista y otros son representaciones de criaturas mitológicas.
En el caso de España, encontramos un caso curioso: podemos conocer cómo era la biodiversidad de aquella época gracias a las Relaciones Topográficas. Se trata de una descripción de los pueblos de España que se recogía mediante cuestionarios a personas inteligentes y curiosas. Las preguntas abarcaban temas sobre la población, la religión, el clima, la salud, la arquitectura, las costumbres o cualquier asunto que pudiese ayudar a dibujar cómo eran esos lugares que conformaban los reinos de España. Entre estas cuestiones también se incluían preguntas sobre la agricultura y los recursos naturales que alentaban al cuestionado a describir la vegetación y los animales de la zona.
“Las Relaciones Topográficas abarcaban temas sobre la población, la religión, el clima, la salud, la arquitectura, las costumbres, la agricultura y los recursos naturales”
Un equipo de biólogos de la conservación de la Estación Biológica de Doñana – CSIC ha desarrollado precisamente una investigación de ecología histórica a partir de estas Relaciones Topográficas. Un trabajo que se centra en las observaciones de especies de la España del siglo XVI y que ha sido publicado en la revista Ecology.
Cómo ha cambiado la biodiversidad en 450 años
Las especies que más aparecen en las Relaciones Topográficas son las que ocupaban un lugar principal en la dieta de la época. Hablamos, por ejemplo, de conejos, perdices o liebres. También estaba muy extendido el lobo y en los documentos de las serranías aparecen en numerosas ocasiones el oso pardo y el lince ibérico.
El estudio es un botón de muestra de lo que está pasando por todo el planeta, en cada lugar con sus particularidades.
En cuanto al ciervo, el corzo, o el jabalí, animales protagonistas de las cacerías de las clases privilegiadas, eran mencionados como un problema para los pueblos cercanos. Según los registros de las Relaciones, los vecinos de las poblaciones madrileñas de El Pardo o Aranjuez se quejaban de los daños que las cacerías del monarca ocasionaban a los campos de cereales.
Por la meseta sur del país podían divisarse todavía los últimos ejemplares de encebros (o enzebras), el asno salvaje que dio nombre a las cebras africanas, y que fue la más duradera de las muchas especies de la megafauna europea extinguidas desde la última glaciación. Las últimas menciones de estos animales en las relaciones corresponden a dos pueblos de Albacete. Una de ellas recoge que las encebras eran «yeguas çenjzosas de color de pelo de rata un poco mohinas», que «abja muchas y tantas que destruyan los panes y sembrados» y que «corrian tanto que no avia cavallo que las alcançase».
En cuanto a la biodiversidad de los ríos, el camarón de río aparece mencionado varias veces como alimento común de la época. Llama la atención la presencia de las anguilas, que según relatan las Relaciones Topográficas, podían encontrarse en numerosos ríos y hasta altitudes superiores a los 1.000 metros sobre el nivel del mar. Actualmente, han desaparecido por completo de las zonas en las que se menciona en estos documentos.
“Las anguilas podían encontrarse en numerosos ríos y hasta altitudes superiores a los 1.000 metros sobre el nivel del mar”
Analizar el pasado para no arrepentirnos en el futuro de lo que perdamos hoy
El trabajo de este equipo de biólogos de la conservación de la Estación Biológica de Doñana – CSIC nos ofrece una foto fija en buena calidad de cómo era la naturaleza en un lugar y en un periodo histórico concreto, el siglo XVI. Pero también nos invita a pensar cómo se transforma la biodiversidad y cómo impacta su pérdida o degradación en nuestra vida. Un botón de muestra de lo que está pasando por todo el planeta, en cada lugar con sus particularidades.
Recordemos que, hoy en día, se sobreexplotan más de 50.000 especies silvestres para satisfacer nuestro modo de vida. Así lo afirma la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES). La organización alertaba sobre los peligros a los que nos enfrentamos si priorizamos el crecimiento económico a costa de la protección de la biodiversidad. Además, la abundancia media de especies nativas en los principales hábitats terrestres ha caído al menos un 20% desde 1900.
Abordar las amenazas a las que se enfrentan las especies silvestres y los ecosistemas —como la sobreexplotación o el cambio climático— es indispensable para conseguir un planeta sostenible donde podamos echar la vista atrás y no arrepentirnos de toda la vida que se ha perdido.
Fuente:
Hablamos de reducción de biodiversidad cuando disminuye la variedad de especies, genes y ecosistemas que sostienen la vida en la Tierra. No se trata solo de que desaparezcan animales llamativos o plantas conocidas. La biodiversidad incluye desde los microorganismos del suelo que permiten que crezcan los cultivos hasta los polinizadores que hacen posible que exista la fruta que comemos. Cuando esa red se adelgaza, toda la estructura que sostiene los ecosistemas se vuelve más frágil.
Según la Lista Roja de la UICN (2025), 47.187 especies están amenazadas de extinción sobre un total de 169.420 evaluadas. Casi el 28% de todo lo que conocemos.
Las causas no son un misterio: son el resultado directo de cómo producimos, consumimos y ocupamos el planeta.
La destrucción de hábitats encabeza la lista. La deforestación y la expansión agrícola han eliminado o fragmentado más de la mitad de los ecosistemas terrestres originales, dejando a miles de especies sin el espacio que necesitan para sobrevivir. A esto se suma la sobreexplotación: más de 50.000 especies silvestres se sobreexplotan para satisfacer nuestro modo de vida, según la IPBES. El cambio climático actúa como multiplicador del problema, alterando temperaturas, precipitaciones y estaciones y rompiendo equilibrios que tardaron milenios en establecerse. La contaminación por pesticidas, plásticos y vertidos industriales degrada suelos, ríos y océanos a una escala que hace apenas unas décadas era impensable. Y las especies invasoras, que se expanden a través de rutas comerciales y turísticas, desplazan a las autóctonas de sus propios territorios antes de que nadie pueda reaccionar.
Desde 1900, la abundancia media de especies nativas en los principales hábitats terrestres ha caído al menos un 20% (IPBES). En menos de 125 años.
La última actualización de la Lista Roja de la UICN (2025) registra 47.187 especies amenazadas de extinción sobre un total de 169.420 evaluadas. Pero esa cifra solo refleja lo que ha sido posible estudiar. La IPBES estima que alrededor de un millón de especies animales y vegetales están en riesgo de extinción, más que en cualquier otro momento de la historia de la humanidad.
Lo que hace especialmente preocupante este dato es la velocidad. Un tercio del incremento total de riesgo de extinción registrado se ha producido desde 1994. No estamos hablando de un proceso geológico lento. Estamos hablando de algo que está ocurriendo en el transcurso de una vida humana.
La pérdida de biodiversidad no es solo un problema ambiental. Es una amenaza directa sobre los sistemas que sostienen la economía y la salud humana.
La seguridad alimentaria depende de la diversidad genética de los cultivos y de la salud de los polinizadores. La calidad del agua depende de la integridad de los ecosistemas fluviales y costeros. La regulación del clima depende de bosques y océanos que absorben CO₂. Y la resistencia ante enfermedades depende, en parte, de la biodiversidad microbiana del suelo y del equilibrio entre especies huésped y patógenos.
Cuando una especie desaparece, no desaparece sola. Arrastra con ella las relaciones ecológicas que mantenía con otras especies. Esa cascada de efectos es lo que los científicos llaman pérdida de servicios ecosistémicos, y su impacto económico global se estima en decenas de billones de dólares anuales.
Para entender la magnitud de lo que estamos perdiendo, a veces ayuda mirar atrás. Un equipo de biólogos de la conservación de la Estación Biológica de Doñana-CSIC lo hizo de una forma poco convencional: leyendo las Relaciones Topográficas del siglo XVI, los cuestionarios con los que Felipe II cartografió los reinos de España.
Lo que encontraron dibuja un paisaje irreconocible. Por la meseta sur todavía deambulaban los últimos encebros, el asno salvaje emparentado con las cebras africanas. Las anguilas remontaban ríos a más de 1.000 metros de altitud. El lobo, el oso pardo y el lince ibérico aparecen mencionados con naturalidad en docenas de localidades donde hoy son historia o excepción.
Ese contraste entre el siglo XVI y el presente es un botón de muestra de lo que está ocurriendo en todo el planeta. Desde 1900, la abundancia media de especies nativas en los principales hábitats terrestres ha caído al menos un 20%. Y la tasa de extinción, lejos de frenarse, sigue acelerándose.